Esa noche el hielo
lo invadió todo, como una lengua de fuego se coló por debajo de mi puerta, todo
aquello que iba encontrando a su camino se iba congelando… lo que hace apenas
unos segundos era suave, redondeado y cálido se había convertido en punzantes aristas
de hielo.
Y así, lento pero
imparable, entró el invierno en mi vida. No
era el momento…¡ni siquiera había
llegado aun el otoño! ¿Con qué me cubriría?, ¿Con qué abrigaría mis desnudos
pies que se iban acobardando en una esquina?
Como lo abrigaría a
él? como salvarlo del hielo?...
La puerta del
dormitorio se abrió, y el miedo cristalizó mi mirada. Todavía hoy, revivo a
cámara lenta ese instante en el que tu mirada se heló, apenas fue un segundo,
el hielo paralizó tus pies, amorató tus piernas, apagó tu fuego, estranguló tu
estomago, y de forma inevitable, casi predestinada, invadió tu corazón, y en su
ultimo latido, sentenciando con la fuerza de quien sabe que su tiempo se ha
agotado, escupió la sangre helada que acabó por siempre con lo que aun quedaba
de humano en ti.
El horror que
dilataba mis pupilas dejó paso a un
torrente infinito de cristales helados que recorrieron sin atisbo de piedad mi
rostro, rasgaron mis labios, arañaron mi cuello, mi pecho y como espuelitas de
hielo se clavaron en lo más profundo de mis entrañas.
Pasaron un millón
de otoños, veranos, primaveras y con ellos llegaron los inviernos…, sin un
orden establecido, sin duración determinada… a veces el verano duraba un día…
otras duró años… puede parecer extraño, y tal vez lo sea, pero mis días desde
aquella noche ya no duran 24 horas, mis meses no son de 30 días, las
estaciones... ja! van y vienen, sin previo aviso, aparecen cuando quieren, se
quedan el tiempo que les apetece, y se vuelven a marchar, así.. sin más… a veces, soy capaz de sentir el invierno
cuando todavía no ha llegado.. en ocasiones te siento tan
cerca,... tan cerquita que puedo olerte, puedo respirarte , Invierno, puedo
sentir el frio que me traerás, el que siempre me has traído, y suena el clic,
el odioso clic, y se me hiela la sangre en ese instante, sé que después de ese
sonido ya no hay nada que hacer… puede tardar un poco más o un poco menos… pero
está en camino y volverá a congelarlo todo…¿cuánto tiempo te quedaras conmigo
invierno? Quien sabe…
Al principio, casi
me atrevería a decir que dolía, esa incertidumbre… ese caos constante, pero ya
no, quizás un poquito, pero aprendí a
abrazar el tiempo, a bañarme en la nieve, a abrigarme en verano, a llorar en
primavera y a florecer en otoño.