Y llegó
la primavera y sus ya familiares huracanes…
El sol
me descubre entre las rocas, el mar estrella su fuerza a mis pies, un golpe de
viento del sur me azota la cara y sin apenas darme cuenta me roba mis tesoros…
Mis
dibujos se ahogan en la inmensidad de una pequeña charca salada que se
convierte en un arcoíris desordenado, mis pinceles se transforman en diminutos
seres voladores en busca de aventuras, cambiaron las tornas, ahora es el sol
quien les dibuja a ellos. La belleza de sus delgadas siluetas me absorbe, me
ciega por completo.
-Nunca
mires directamente al sol, su luz se apoderará de tus ojos…- las palabras de mi
padre resuenan en mi cabeza.
Desorientada, cegada, zarandeada. Mis alas se
abren buscando la estabilidad, mientras mis pies, torpes y enredados, buscan no
perder el contacto con la tierra, mi cuerpo se tambalea dibujando en el aire lo
que se podría denominar un 'patético baile de cortejo de un ave distraída…' demostrando, una vez más, que ni el viento ni el sol me harán caer.
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