miércoles, 2 de enero de 2013

El comienzo...


Esa noche el hielo lo invadió todo, como una lengua de fuego se coló por debajo de mi puerta, todo aquello que iba encontrando a su camino se iba congelando… lo que hace apenas unos segundos era suave, redondeado y cálido se había convertido en punzantes aristas de hielo.

Y así, lento pero imparable, entró el invierno en mi vida. No era el momento…¡ni siquiera  había llegado aun el otoño! ¿Con qué me cubriría?, ¿Con qué abrigaría mis desnudos pies que se iban acobardando en una esquina?

Como lo abrigaría a él? como salvarlo del hielo?...

La puerta del dormitorio se abrió, y el miedo cristalizó mi mirada. Todavía hoy, revivo a cámara lenta ese instante en el que tu mirada se heló, apenas fue un segundo, el hielo paralizó tus pies, amorató tus piernas, apagó tu fuego, estranguló tu estomago, y de forma inevitable, casi predestinada, invadió tu corazón, y en su ultimo latido, sentenciando con la fuerza de quien sabe que su tiempo se ha agotado, escupió la sangre helada que acabó por siempre con lo que aun quedaba de humano en ti.

El horror que dilataba mis pupilas dejó paso  a un torrente infinito de cristales helados que recorrieron sin atisbo de piedad mi rostro, rasgaron mis labios, arañaron mi cuello, mi pecho y como espuelitas de hielo se clavaron en lo más profundo de mis entrañas.

Pasaron un millón de otoños, veranos, primaveras y con ellos llegaron los inviernos…, sin un orden establecido, sin duración determinada… a veces el verano duraba un día… otras duró años… puede parecer extraño, y tal vez lo sea, pero mis días desde aquella noche ya no duran 24 horas, mis meses no son de 30 días, las estaciones... ja! van y vienen, sin previo aviso, aparecen cuando quieren, se quedan el tiempo que les apetece, y se vuelven a marchar, así.. sin más…  a veces, soy capaz de sentir el invierno cuando todavía no ha llegado.. en ocasiones te siento tan cerca,... tan cerquita que puedo olerte, puedo respirarte , Invierno, puedo sentir el frio que me traerás, el que siempre me has traído, y suena el clic, el odioso clic, y se me hiela la sangre en ese instante, sé que después de ese sonido ya no hay nada que hacer… puede tardar un poco más o un poco menos… pero está en camino y volverá a congelarlo todo…¿cuánto tiempo te quedaras conmigo invierno?  Quien sabe…

Al principio, casi me atrevería a decir que dolía, esa incertidumbre… ese caos constante, pero ya no, quizás un poquito, pero  aprendí a abrazar el tiempo, a bañarme en la nieve, a abrigarme en verano, a llorar en primavera y a florecer en otoño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario